¿Es pecado consultar
las hojas de coca?
Es la pregunta que más me hacen — y la que más me llega al corazón. Después de 23 años trabajando con las hojas y creyendo en Dios, tengo una respuesta que viene de mi propia fe, no de un libro.
La pregunta que
nadie se atreve a hacer en voz alta
Me la han preguntado de mil formas. A veces con vergüenza, a veces con miedo, a veces con rabia. «Yesi, ¿esto no es brujería?» «¿Dios me va a castigar por venir aquí?» «Mi familia dice que estoy haciendo algo malo.»
Lo entiendo. Crecemos en una cultura profundamente católica, donde ciertas cosas se enseñan como prohibidas sin que nadie explique bien el por qué. Y cuando alguien llega con ese miedo encima, lo primero que hago no es defenderme — es escucharle. Porque ese miedo es real y merece una respuesta honesta.
Esta es la mía. No la de un teólogo ni la de un sacerdote. La mía — la de una mujer que lleva 23 años pidiendo la bendición de Dios antes de cada lectura.
Lo que yo creo:
mi fe y las hojas conviven desde siempre
Soy creyente. Creo en Dios, creo en su palabra, creo en su protección. No me defino con una etiqueta religiosa fija, pero la Biblia ha guiado mi camino desde que tengo memoria. Y en ese camino, las hojas de coca nunca han estado en contradicción con mi fe — sino apoyadas por ella.
Cuando hago cualquier trabajo — una lectura, una limpia, un pago a la Tierra — lo primero que hago es orar. Le pido a Dios que me guíe, que me muestre la verdad, que su poder esté en cada hoja que lanzo. No invoco fuerzas oscuras. No pido favores a entidades del mal. Le pido a Él — al ser más puro y poderoso que existe.
«Cada vez que abro las hojas, le digo a Dios: guíame. Muéstrame la verdad de esta persona. Ayúdame a ayudarla. Ese es mi punto de partida siempre — no la coca sola, sino la coca con la bendición de Dios.»
El Dios Sol y nuestro Dios:
una sola luz con dos nombres
Aquí viene algo que a mucha gente le genera paz cuando lo escucha. Según la tradición andina y la leyenda de la hoja de coca, fue el Dios Sol — el Inti — quien entregó las hojas a la humanidad como herramienta de guía, protección y sabiduría.
¿Y quién es el Dios Sol para los Andes? Es la fuerza suprema que da vida, que castiga el mal y bendice al justo. Es quien cuida a los humildes y alumbra el camino del que se pierde. No suena tan diferente, ¿verdad?
Lo que yo creo — y lo digo con respeto — es que el Dios de la Biblia y el Inti andino son la misma energía divina expresada en dos culturas distintas. Los españoles trajeron el Evangelio a América. Pero antes de que llegaran, los pueblos andinos ya tenían su forma de relacionarse con lo sagrado, con lo justo, con lo divino. Y esa forma no era del diablo — era su manera de conocer a Dios.
Nota cultural: Esta visión — que las tradiciones espirituales indígenas y el cristianismo pueden complementarse — es compartida por muchos teólogos latinoamericanos y forma parte de lo que se conoce como teología de la inculturación. No es una postura marginal sino una conversación que lleva siglos en nuestra región.
El versículo que
renueva mi fe cada día
Hay una frase que llevo conmigo desde hace años. No sé si la recito exactamente como aparece en el libro, pero la siento en el corazón cada vez que enfrento algo difícil — o cada vez que alguien me pregunta si lo que hago está bien:
«Caerán a tu lado mil,
y diez mil a tu diestra;
mas a ti no llegará,
porque el Señor está contigo.»
Esta es la razón por la que no tengo miedo. No porque crea que soy perfecta ni que nunca me equivoco — sino porque sé que trabajo con Dios, no contra Él. Y esa certeza me la da mi propia experiencia, no las palabras de nadie más.
¿Cómo saber si lo que
haces es magia blanca o no?
Esta es quizás la distinción más importante. No toda práctica espiritual es igual — y la intención y la fuerza que se invoca lo dicen todo.
La diferencia no está en el ritual ni en las hojas — está en a quién le pides y para qué. Yo siempre le pido a Dios. Y siempre es para ayudar, nunca para dañar.
Entonces, ¿es pecado
o no lo es?
No puedo hablar por Dios ni darte una respuesta teológica oficial. Lo que sí puedo decirte es lo que yo vivo y lo que he visto en 23 años de trabajo.
He visto familias reunirse gracias a lo que las hojas revelaron. He visto personas que llevaban años perdidas encontrar claridad en una sola sesión. He visto negocios que florecieron después de un pago a la Tierra. Nada de eso parece el fruto del pecado.
Lo que sí creo que puede ser dañino — no necesariamente pecado, sino dañino — es buscar hacerle mal a otro, manipular la voluntad de alguien contra su voluntad, o entregarse a prácticas que invocan fuerzas oscuras. Eso no es lo que hago. Eso no es lo que enseño.
«Si vienes a mí buscando claridad, protección o guía — y lo hacemos con fe en Dios y respeto por la tradición andina — yo no veo en eso ningún pecado. Veo a una persona que busca la verdad. Y la verdad siempre viene de Dios.»
Si tienes dudas, si sientes ese conflicto interno entre tu fe y tu curiosidad por las hojas — eso merece una conversación, no una respuesta rápida. Escríbeme y hablamos. Sin juicio, sin prisa.
¿Tienes preguntas
sobre tu consulta?
Si sientes ese conflicto entre tu fe y tu curiosidad, escríbeme. Hablamos con calma — sin juicio y sin prisa. Las hojas no juzgan. Yo tampoco.
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